sábado, noviembre 25, 2006

Amanecer de Sábado

Amanece en mi rincón, y los rayos que se filtran a través de la ventana solo me permiten alcanzar a intuir los objetos que se amontonan en esta habitación.
Amodorrado, entrelazo mis manos con las líneas de luz que cruzan esta oscuridad, y señalan puntos tan distantes, tan distintos, que más parece el resultado de un tiroteo vulgar que los dedos del sol pugnando por entrar. Pero oculto bajo las sábanas, a salvo entre la almohada y el pijama, respiro tranquilo.
Estas sábanas me protegen.
Y mis párpados ya no. El sutil color que adopta todo este cuarto me permite intuir los títulos de los libros, los nombres de los grupos que decoran mis paredes. Y no los leo, no los distingo, pero sé que son ellos. Y eso me basta para saber que estoy en casa.
Y, como siempre, me incorporo a duras penas e intento leer alguna de las frases que atestan mis cajones. Y cada Sábado es una distinta la que me llama la atención. Y sin embargo, es la misma maravillosa rutina.
Desperazado poso los pies en el suelo, me incorporo y todo adquiere su tercera dimensión, su volumen. El suelo se aleja de mis ojos; el sueño de mi cuerpo.
Los tentáculos del sol rasgan la habitación. De nuevo, juego con ellos, los atrapo, me hieren, pero siguen sin poder vencerme.
Esa persiana me protege.
Los pies encuentran su guarida en esas zarpas verdes tan enormes, tan calentitas. Tan inmanejables. Y torpemente me muevo, dudo y me paro.
La incógnita de siempre: que habrá hoy al otro lado de la persiana? Quien estará esperándome?
Con la parsimonia de estas tempranas horas, acudo a la ceremonia de cada Sábado: abro los ojos de mi habitación, salgo a campo abierto, huyo de mi guarida.
Alzo ese párpado que es mi persiana.
Y el sol inunda mi pequeño reino. Devuelve a la vida cada mirada, llena de color cada rincón, muestra las miserias de una cama desecha. Y pulveriza mis retinas. Y ahora son mis ojos los que se cierran.
Estos párpados me protegen.
Y al fin, habituado al resplandor, a la luminosidad, repito la última ceremonia de mi amanecer: compruebo la hora, maldigo mi cansancio por alcanzar semejante hora entre las sábanas y abro la puerta. Y salgo al mundo, dispuesto a comerme un día más de esta excitante y apasionante carrera que es la vida.

Y sin que sirva de precedente, aquí tenéis música en español. Que no todo lo que se ace en este país es basura, aunque solo la basura sea la que suena en los medios.
Quique González - Personal (1998) - Personal
"[...]Y colocar un toldo ante los ojos, y hacer esfuerzos para no mentir, y respirar lo malo de nosotros, que lo peor lo guardo para mi. [...]"

1 comentario:

Alex dijo...

Hoy te has puesto mazo de mazo de profundo...¿que haces tu como ingeniero de informática si tendrias que ser escritor?(de exito o no).
Impresionante el video que vereis(Spoiler) sobre las gañadas del sabado...pero de noche